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Lo que aprendí de Esteban Chaves en el colegio

Conocí a Esteban cuando estábamos en séptimo grado en la escuela: ‘Jorge Gaitán Cortés’. Allí tuve la posibilidad de entenderlo como persona, de compartir con él esos momentos únicos e inolvidables que uno disfruta cuando es niño.

Ambos somos parecidos físicamente. Flacos y más bien bajitos. Como dicen las abuelas: éramos un par de ‘desgarbados’. Y eso, precisamente es lo que me sorprende de él, porque tiene una resistencia privilegiada. Me acuerdo que en las clases de educación física el profesor nos ponía a dar varias vueltas a la cuadra y ‘Chavito’ era el mejor. Llegaba en el primer lugar, con el tanque lleno y sin una gota de sudor. Era el deportista al que todos queríamos vencer. Siempre se destacó sobre los demás por su estado físico.

El deporte estuvo presente en su vida desde muy pequeño, en todo momento. Madrugaba a entrenar y estudiaba por la tarde. No solo hacía ciclismo, también atletismo; aunque para el fútbol siempre fue malo, no le interesaba mucho, pero estoy seguro que si lo hubiera practicado habría sido un ‘crack’. Me enseñó a ser perseverante, a nunca desfallecer así las cosas no salieran como uno quisiera.

Físicamente era un súper dotado. Un extraterrestre. No se cansaba, le quedaba energía hasta para bromear conmigo en las clases. Por eso, casi siempre, nos separaban de puesto. Antes de comenzar los profesores nos advertían, nos decían que para molestar estaba el recreo. Él se reía nada más. Aunque tenga cara de ‘caspa’ era juicioso, pilo e inteligente. No cualquiera termina su bachillerato a distancia. Y a Esteban le tocó así para no dejar lo que más le apasionaba: el ciclismo. “Quiero estar en un Giro o en un Tour”, me decía cada vez que me recogía en mi casa para llevarme sobre su manillar de la bicicleta hacía el colegio.

Se graduó a distancia estando en Medellín porque en ese momento ya hacía parte del equipo Colombia es Pasión. Él siguió su camino y yo seguí el mío, se convirtió en ciclista y yo en diseñador. Pasó un tiempo antes de que nos volviéramos a hablar. Y fue de casualidad.

Me lo encontré caminando en Bogotá, hablamos de todo, recordamos la época del colegio y fue ahí cuando me preguntó que si quería diseñar la imagen de su equipo. Sin dudarlo le dije que sí. Fue una satisfacción enorme poder aportar un granito de arena en ese proyecto que él tanto había anhelado.

Verlo ahora, vestido con el traje del Orica Scott, montado sobre su bicicleta, me llena de orgullo. ¡Se ve gigante!, pienso (aunque a chavito solo lo separen 164 centímetros del piso). Le veo la sonrisa y es la de siempre. Esa misma con la que llegaba al mediodía a mi casa para irnos al colegio. Eran casi cinco kilómetros en los que hablábamos de tareas, planes y de las grandes vueltas. Hoy, eso que añorábamos se materializó. Esteban está corriendo con un equipo World Tour y tal y como sucedía en el colegio: es el favorito a vencer.

*Juan Felipe Silva, amigo de Esteban Chaves.

Foto: Cortesía Juan Felipe Silva.

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